Hay historias que trascienden el deporte. Historias que hablan de esfuerzo, resiliencia y segundas oportunidades. La de Nazareno Infante es una de ellas.
El joven deportista santacruceño se consagró campeón en el Torneo Nacional de Atletismo 2026 organizado por el Comité Paralímpico Argentino, logrando dos medallas de oro en las pruebas de 100 metros llanos y salto en largo, representando a Santa Cruz en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD).
Detrás de esos logros deportivos existe una historia de vida que conmueve. Nazareno fue diagnosticado con atresia biliar cuando tenía apenas 20 días de vida, una enfermedad poco frecuente que afecta gravemente al hígado. Durante su infancia atravesó múltiples intervenciones quirúrgicas y, a los seis años, recibió un trasplante hepático que cambió para siempre su destino.
Gracias al gesto solidario de una familia donante, Nazareno pudo volver a soñar, crecer, estudiar y encontrar en el deporte una herramienta de inclusión, desarrollo personal y superación.
Sus primeros pasos fueron en el vóley, disciplina en la que representó a Río Gallegos en distintas competencias provinciales y nacionales. Con el paso del tiempo encontró nuevos desafíos en el atletismo, donde hoy cosecha uno de los mayores logros de su carrera.
Las dos medallas doradas obtenidas en el Nacional no solo reflejan horas de entrenamiento y sacrificio. También simbolizan una victoria de la vida sobre la adversidad, de la voluntad sobre los obstáculos y de la importancia de la donación de órganos.
En este recorrido fueron fundamentales sus padres, Mercedes Romero y Javier Infante, quienes acompañaron cada etapa de una batalla que comenzó desde los primeros días de vida y que hoy encuentra uno de sus momentos más felices.
Hace algunos años, el propio Nazareno resumió su historia con una frase que hoy cobra más sentido que nunca: «Gracias a la donación de órganos tengo esta oportunidad de disfrutar la vida».
Hoy esa vida lo encuentra en lo más alto del deporte nacional, llevando la bandera de Santa Cruz al podio y convirtiéndose en un ejemplo para miles de jóvenes y familias de todo el país.
Nazareno no solo ganó dos medallas de oro. Ganó una carrera mucho más importante: la de demostrar que nunca hay que dejar de creer en los sueños.

