En los últimos días, un nuevo embate de desprestigio contra el intendente de Río Gallegos, Pablo Grasso, fue transmitido en vivo por una periodista de un medio digital y cara visible de la radio del carmen y FM la Top y por el propietario de un medio audiovisual local. Ambos comunicadores mantienen vínculos económicos directos con el Gobierno Provincial de Claudio Vidal a través de una pauta oficial generosa y sostenida.
No se trata de un hecho aislado. Desde hace meses, estos mismos espacios vienen desplegando transmisiones, notas y coberturas claramente orientadas al amarillismo político, construyendo un relato de confrontación permanente que busca instalar en la sociedad una idea tan simple como falsa: que todos los problemas sociales y económicos de la provincia tienen un único responsable, el intendente de Río Gallegos.
Conviene aclararlo, porque parece necesario repetirlo una y otra vez: Pablo Grasso es intendente, no gobernador. No define políticas provinciales de salud, no administra el sistema de medicamentos, no ejecuta los programas sociales que hoy no llegan a miles de familias vulneradas. Sin embargo, desde estos micrófonos pautados se arenga a vecinos y vecinas golpeados por la crisis —crisis que el propio Gobierno Provincial no logra contener— para dirigir su enojo hacia el Municipio capitalino.
El sábado pasado, en el sector de trabajadores municipales, se registraron reclamos habituales de funcionamiento, propios de un contexto de emergencia económica donde incluso comprar un par de guantes se vuelve una dificultad. Reclamos legítimos, atendibles y que forman parte del día a día de cualquier gestión. Pero el circo mediático montado por estos pseudo periodistas ensobrados eligió otro camino: sobreactuar el conflicto, hablar de “faltas de respeto” y empujar un relato diseñado más para la provocación que para informar.
Lo llamativo es que, mientras en sus discursos denuncian supuestos destratos, las imágenes muestran otra cosa: al intendente dialogando cara a cara con los trabajadores del corralón de la calle Entre Ríos, escuchando, explicando y acordando mecanismos de trabajo. Una pregunta sencilla queda flotando en el aire: si alguien está realmente enojado, ¿se saca una foto compartiendo el momento?
Lejos del show mediático, Grasso volvió a hacer lo que viene haciendo desde hace años: estar presente. Como ocurrió también en el sector Carritos, donde se reunió con los trabajadores, propuso un nuevo plan de trabajo y reafirmó el diálogo permanente con delegados y representantes gremiales. Sin cámaras armando escenas, sin gritos, sin libreto.
Mientras tanto, desde los medios pautados por la Provincia se insiste en venderle a la sociedad un pescado podrido: que el Municipio es el problema, que el intendente es el culpable, que la crisis tiene nombre y apellido en Río Gallegos. Una estrategia conocida cuando el poncho queda grande y no hay respuestas concretas para las demandas básicas de la gente.
La prensa tiene una responsabilidad social. Informar no es operar. Criticar no es mentir. Y mucho menos usar el dolor y la necesidad de las familias como combustible para una disputa política financiada con fondos públicos.
La sociedad merece algo mejor que relatos prefabricados al servicio del poder de turno.

