La elección interna de la Unión Cívica Radical dejó mucho más que una renovación de autoridades partidarias. El resultado expuso una nueva derrota política para el gobernador Claudio Vidal y para la estructura de poder que intentó consolidar dentro del radicalismo santacruceño a través de su principal aliado político: el vicegobernador Fabián Leguizamón.
La victoria de la lista Roja y Blanca encabezada por Leonardo Roquel a nivel provincial y Daniela D’Amico en Río Gallegos fue contundente. No solo logró imponerse en las urnas, sino que derrotó a un sector que contaba con el respaldo de dirigentes vinculados al oficialismo provincial y que apostaba a consolidar influencia dentro de la UCR de cara a las elecciones de 2027.
El mensaje de los afiliados radicales fue claro: eligieron un camino distinto al que proponía el espacio alineado con Leguizamón.
La derrota adquiere aún mayor relevancia si se analiza el contexto político que atraviesa el gobierno provincial. En apenas unos días, Vidal sufrió el freno legislativo a su proyecto de endeudamiento por 600 millones de dólares, vio crecer los conflictos salariales con docentes, estatales y fuerzas de seguridad, y ahora suma un nuevo revés político dentro de uno de los partidos que integran el esquema que lo llevó al poder.

La euforia en el Comité Héctor Roquel fue el reflejo de una elección que muchos dentro del radicalismo interpretan como una recuperación de la identidad partidaria frente a los intentos de alineamiento con el oficialismo provincial.
Leonardo Roquel no dejó lugar a dudas sobre el objetivo político de su espacio al afirmar que trabajarán para recuperar la intendencia de Río Gallegos y competir por la gobernación en 2027. Daniela D’Amico, por su parte, destacó que la campaña se realizó «a pulmón», sin grandes estructuras ni recursos, y agradeció el respaldo de los afiliados que apostaron por una alternativa distinta.
La lectura política es inevitable. Mientras Pablo Grasso consolida la conducción del Partido Justicialista mediante una lista de unidad y comienza a posicionarse como referencia opositora a nivel provincial, el gobierno de Claudio Vidal sigue acumulando dificultades para sostener liderazgo político incluso dentro de los sectores que hasta hace poco aparecían como aliados estratégicos.
La derrota de Leguizamón no es solamente una derrota interna de la UCR. Es también un golpe político para la construcción de poder del oficialismo provincial.
Y en política, cuando las derrotas comienzan a repetirse, dejan de ser hechos aislados para transformarse en una tendencia.

