La crisis dentro del oficialismo provincial ya no se puede ocultar. La gestión de Claudio Vidal atraviesa uno de sus momentos más delicados, con rupturas internas, renuncias clave y ahora el quiebre del sector radical que fue determinante para su llegada al poder.
En las últimas semanas, el bloque oficialista en la Cámara de Diputados comenzó a desmoronarse. Primero fueron las salidas de Mario Piero Boffi y Alfredo Martínez Alfaro, que dejaron al espacio sin mayoría propia. A eso se sumó la renuncia de Santiago Aberastain a la presidencia del bloque, exponiendo una conducción debilitada y sin rumbo claro.
Pero el golpe más fuerte llegó ahora desde el radicalismo. El intendente de Puerto San Julián, Daniel Gardonio, fue contundente: “Si hay kirchneristas adentro, yo estoy afuera”. Una frase que no solo marca distancia, sino que deja en evidencia la ruptura de uno de los sectores que aportó cerca de 9 mil votos clave para que Vidal llegue a la gobernación.
Esa distancia no es nueva. En San Julián, ya hace meses el escenario político empezó a cambiar: en las últimas elecciones nacionales, el voto se tiñó de violeta, marcando un claro alejamiento del esquema provincial y anticipando la ruptura que hoy se hace explícita.
Lejos de mostrar cohesión, el oficialismo exhibe un escenario de fractura total. Gardonio no solo cuestionó el rumbo político, sino también la falta de resultados concretos en áreas sensibles como Salud, Educación y Seguridad. “El cambio no llegó”, afirmó, en una definición que golpea directamente el corazón del discurso con el que Vidal construyó su poder.
Las críticas van más allá. Desde el radicalismo apuntan al ingreso de dirigentes vinculados al kirchnerismo dentro del propio gobierno, algunos incluso con denuncias por corrupción. “Termina siendo más de lo mismo”, lanzó el jefe comunal, dejando al descubierto una contradicción que erosiona la credibilidad del proyecto oficial.
El malestar también se traslada a la gestión. Promesas de obras que no se concretan, anuncios sin ejecución y una falta de respuestas en medio de una crisis económica cada vez más profunda alimentan el desencanto, no solo en la dirigencia sino también en la sociedad.
Hoy, el gobierno provincial quedó obligado a negociar cada proyecto en la Legislatura, sin mayoría propia y con aliados que empiezan a retirarse. El escenario es claro: pérdida de poder político, fragmentación interna y una gestión que ya no logra sostener el relato de cambio.
La pregunta que empieza a instalarse es inevitable: ¿está el gobierno de Vidal en condiciones de sostener gobernabilidad en este contexto, o la crisis recién empieza?

