El Gobierno provincial volvió a montar una puesta en escena alrededor de la supuesta “transformación productiva” de Santa Cruz, esta vez con el trigo como excusa. Fotos, recorridas, discursos grandilocuentes y funcionarios posando entre sembradoras, mientras la realidad económica de la provincia sigue en caída libre.
Con la producción petrolera en su nivel más bajo en 25 años, salarios sin aumento, comercio paralizado y una provincia que proyecta tomar deuda por 365 mil millones de pesos para pagar gastos corrientes, el relato oficial intenta tapar el derrumbe con anuncios ruidosos y resultados mínimos. Según datos publicados por Infobae el 29 de enero, Santa Cruz produce hoy la mitad del petróleo que producía en 2015, con una caída interanual del 7,62%, peor incluso que Chubut.
En ese contexto aparece el trigo, presentado como símbolo de un nuevo horizonte productivo. Producir nunca está mal. El problema es vender como política de Estado lo que en realidad es un proyecto privado, experimental y de bajo impacto laboral, amplificado hasta el hartazgo para sostener candidaturas y reposicionar dirigentes.
Porque el dato central que el Gobierno omite es simple y contundente: el trigo no es del Gobierno de Santa Cruz.
La cosecha no pertenece al Estado provincial, ni es fruto de una planificación pública de largo plazo. El proyecto es encabezado por Agro Calafate, una empresa privada que tuvo que armar desde cero su parque de maquinaria: tractor de 200 HP, rastras, niveladores y una cosechadora propia, comprada por la firma y trasladada a la provincia. Parte del equipamiento fue adquirido por Santa Cruz Puede, una empresa de régimen mixto, pero la estructura, el riesgo y la operación productiva no son estatales.
El esquema es claro: el productor pone la tierra y recibe el 10% de la producción; Santa Cruz Puede se queda con otro porcentaje; y Agro Calafate, como asesora, proveedora de mano de obra y dueña de la cosechadora, retiene el resto. Incluso el responsable técnico del proyecto, Tomás Ciurlanti, es oriundo de Rafaela, Santa Fe, un detalle que vuelve aún más frágil el relato de “soberanía productiva” que se intenta instalar.
Mientras tanto, el operativo político avanza. En las fotos aparecen ultrakirchneristas reciclados en petrocas, dirigentes que ayer denunciaban lo que hoy aplauden, y funcionarios que utilizan cada acto para posicionarse internamente. Julio Bellomo, que durante años no hizo nada, ahora impulsa maniobras para desbancar a su propia coterránea, la intendenta Zulma Neira. Hugo Garay, que fue jefe político en 28 de Noviembre y se quejaba de viejas prácticas, hoy posa junto a una gestión que defiende a un diputado acusado de múltiples hechos de acoso. Nadia Ricci, el Colo intentando sostener SER, el armado de Agro Calafate, la mersa de Orlando: todos adentro del mismo decorado.
La producción real es poca, el empleo generado es mínimo y la recuperación económica no llega. La mecanización limita el impacto laboral y los resultados, por ahora, son estadísticamente anecdóticos frente a una provincia en emergencia.
Santa Cruz no está frente a una revolución productiva. Está frente a una operación comunicacional que busca disimular el colapso petrolero, la falta de aumentos salariales y la ausencia de un plan serio. El trigo puede crecer, sí, pero no es del Gobierno, no resuelve la crisis y no pertenece a Santa Cruz como se intenta hacer creer.
La transformación que necesita la provincia llevará décadas y exigirá un acuerdo político real, no fotos, no humo y no apropiarse de cosechas ajenas para sostener un relato que, como el viento patagónico, dura lo que dura la foto.
Fuente de información: Bichos de campo
Por, Notidiario 24

