Si hay un área donde el relato oficial choca de frente con la realidad cotidiana es el sistema de salud pública. Mientras el Gobierno habla de desarrollo y de grandes proyectos, miles de santacruceños conviven con hospitales que, según denuncian trabajadores, pacientes y familiares, atraviesan un deterioro cada vez más profundo.
Las quejas se repiten en distintas localidades: faltan medicamentos, faltan insumos básicos y, en algunos casos, hasta elementos esenciales para la internación como sábanas, toallas o papel higiénico. La situación ha llegado al punto de que muchas familias aseguran que cuando un paciente debe ser internado tiene que llevar desde su casa su propia ropa de cama y artículos de higiene.
En los hospitales públicos de Santa Cruz si caes internado tenes que traer tu toalla, tu juego de ropa de cama y tus elementos básicos de higiene personal.
Esa no puede ser la normalidad de un sistema público de salud.
Pero la crisis no termina en los hospitales.
La Caja de Servicios Sociales, la obra social de los trabajadores estatales, atraviesa uno de los momentos más cuestionados de su historia.
Los afiliados denuncian dificultades para acceder a especialistas, reducción de coberturas, demoras en autorizaciones y un vademécum que quedó en el centro de fuertes cuestionamientos por la cantidad de medicamentos que dejaron de contar con cobertura total.
A esto se suma otro reclamo que genera enorme angustia: las derivaciones médicas.
Numerosas familias denuncian demoras para obtener traslados a centros de mayor complejidad y sostienen que, cuando finalmente son derivados a Buenos Aires, los montos destinados para alimentación resultan insuficientes frente al costo real de permanecer fuera de la provincia durante semanas o incluso meses, además denuncian que muchos pacientes que estan en espera en CABA para ser atendidos e intervenidos quirurgicamente.
Mientras tanto, los descuentos de la Caja continúan realizándose todos los meses sobre los salarios de los trabajadores.
La sensación que crece entre muchos afiliados es de enorme frustración: aportan cada mes a una obra social que, cuando más la necesitan, no siempre logra dar respuestas en tiempo y forma.
Por eso el debate ya no pasa solamente por cuánto gana un trabajador estatal.
También pasa por qué recibe a cambio de los importantes descuentos que sufre todos los meses en su recibo de sueldo.
Porque cuando fallan el salario, la salud y la obra social al mismo tiempo, lo que entra en crisis no es solamente una gestión.
Empieza a resquebrajarse la confianza de toda una sociedad.

