La paciencia se terminó. Primero fueron los docentes. Después los estatales. Más tarde la Policía. Ahora la UOCRA sale a la calle y anuncia medidas de fuerza en toda la Zona Norte. Cada día aparece un nuevo conflicto, un nuevo sector reclamando, una nueva señal de alarma en una provincia que parece haber entrado en ebullición.
Durante más de dos años el Gobierno Provincial construyó un relato basado en una sola explicación: la culpa era de los anteriores. Todo estaba mal porque durante treinta años otros gobernaron Santa Cruz. Todo problema encontraba una respuesta automática: la herencia recibida.
Pero ya pasaron más de dos años y medio.
Hoy Claudio Vidal gobierna en medio de un incendio provincial que ya no puede atribuir exclusivamente al pasado. Porque los conflictos actuales tienen nombre y apellido. Son salarios congelados, paritarias vacías, policías movilizados, docentes en lucha, trabajadores despedidos, municipios sin respuestas y ahora más de 2.000 obreros de la construcción reclamando por los puestos de trabajo prometidos.
La conferencia de prensa de la UOCRA Zona Norte fue mucho más que un reclamo gremial. Fue una advertencia política. Los trabajadores aseguran que agotaron todas las instancias de diálogo, que esperaron durante más de un año la reactivación prometida tras la salida de YPF y que las empresas ya están produciendo mientras miles de familias siguen mirando desde afuera.
El dato es brutal: más de 2.000 trabajadores de la construcción permanecen sin empleo mientras las áreas petroleras vuelven a operar.
Y lo más preocupante es que ya nadie parece creer en las promesas.
La sensación que crece en Santa Cruz es que el Gobierno perdió capacidad de respuesta y que cada conflicto que no resuelve termina alimentando otro conflicto aún mayor.
Los docentes reclaman.
La Policía reclama.
Los estatales reclaman.
Los jubilados reclaman.
Los trabajadores petroleros reclaman.
Ahora la UOCRA reclama.
Cada foco que se enciende encuentra a un Gobierno reaccionando tarde y sin soluciones de fondo.
La historia santacruceña ya mostró lo que ocurre cuando los gobiernos dejan acumular bronca social. Los conflictos de 2007, 2011 y 2012 no aparecieron de un día para otro. Fueron el resultado de meses de desatención, soberbia política y falta de respuestas concretas.
Por eso la preocupación ya no pasa solamente por un reclamo salarial o laboral. La preocupación es que la provincia parece avanzar hacia una crisis generalizada donde cada sector comienza a sentirse abandonado.
La política sigue discutiendo candidaturas para 2027.
Los trabajadores están tratando de llegar a fin de mes en 2026.
Y esa diferencia de prioridades es exactamente la que hoy está haciendo explotar Santa Cruz.

