La preocupación crece dentro del INSET y ya dejó de ser un simple comentario de pasillo. Estudiantes de la institución denuncian que un docente se presentaría reiteradamente a dictar clases en presunto estado de ebriedad, generando indignación y preocupación en toda la comunidad educativa.
Pero lo más grave, según relatan alumnos y personas vinculadas al establecimiento, no sería solamente la conducta del docente, sino el presunto blindaje institucional que existiría alrededor del caso. De acuerdo a los testimonios, el propio profesor haría referencia dentro del aula a su cercanía y amistad con altos cargos de la Educación Técnica Profesional, situación que alimenta la sensación de impunidad y abandono entre los estudiantes.
“Al amigo, protección; al alumno, indiferencia”, resumen con bronca quienes observan cómo las denuncias y los comentarios internos no derivan en medidas concretas.
El malestar toma todavía más fuerza cuando la comunidad educativa compara este escenario con otros casos recientes que involucran al Consejo Provincial de Educación. Uno de ellos es el del docente Oscar Hugo Voutat, quien atraviesa una dura lucha contra el cáncer y denunció públicamente situaciones de presión administrativa y afectación salarial mientras continúa en tratamiento médico.
Para muchos trabajadores y estudiantes, la contradicción es brutal: mientras existiría tolerancia y silencio frente a situaciones graves dentro de las aulas cuando hay vínculos políticos o personales de por medio, el organismo actuaría con extrema dureza frente a docentes enfermos o trabajadores vulnerables.
La situación vuelve a poner en debate el funcionamiento interno del Consejo Provincial de Educación y las denuncias recurrentes sobre favoritismos, discrecionalidad y falta de controles reales dentro del sistema educativo provincial.
En medio de una profunda crisis educativa, con conflictos salariales, suspensión de clases y deterioro institucional, crece el reclamo de estudiantes, familias y trabajadores para que existan mecanismos transparentes de control, acompañamiento y sanción, sin privilegios ni “amigos del poder”.
Porque mientras las autoridades hablan de calidad educativa y anuncian programas oficiales, dentro de las aulas la realidad parece mostrar otra cara: una comunidad cansada de la doble vara y de un sistema donde, según denuncian, algunos tienen coronita y otros apenas sobreviven.

