El Gobierno de Santa Cruz volvió a presentar al Programa de Atención Integral de Niñez y Adolescencia (PAINA) como una herramienta central para acompañar a niños, niñas y adolescentes de toda la provincia. Sin embargo, detrás de los anuncios oficiales aparece una pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿dónde están los recursos que deberían llegar a las localidades?
En mayo de este año, la propia Provincia anunció la renovación de los convenios del PAINA con municipios y comisiones de fomento. El programa contempla recursos económicos destinados específicamente a las áreas de niñez y, según el Gobierno, busca fortalecer la protección y restitución de derechos.
Incluso el Ejecutivo anunció una inversión de $500 millones para 15 municipios a través del PAINA.
Pero mientras los comunicados oficiales hablan de una política de Estado para las infancias, municipios y trabajadores vinculados al área vienen reclamando por demoras y falta de efectivización de recursos. La situación resulta especialmente preocupante porque PAINA no es un programa decorativo: está pensado para intervenir justamente en situaciones donde existen vulneraciones de derechos y donde el Estado debe garantizar acompañamiento, protección y asistencia.
La propia Provincia reconoce que el programa brinda apoyo técnico, financiero y de acompañamiento a los sistemas locales de protección.
¿Prioridad para las infancias o solamente anuncios?
El contraste es difícil de ignorar. Por un lado, el Gobierno de Claudio Vidal asegura que “ha priorizado fortalecer y resguardar las infancias”. Por otro, cuando los recursos no llegan en tiempo y forma, quienes quedan en el medio son los municipios, los equipos técnicos y, fundamentalmente, los chicos y chicas que necesitan respuestas concretas.
Además, el propio Gobierno provincial ha señalado que PAINA tiene como objetivo atender la complejidad social actual y fortalecer las redes de protección.
Por eso, más allá de los actos, convenios y anuncios, la pregunta es inevitable:
¿Cuándo se efectivizan los pagos pendientes? ¿Dónde están los recursos anunciados? ¿Qué pasó con el dinero destinado a las políticas de niñez?
No alcanza con anunciar que “Santa Cruz tiene rumbo”. Cuando se trata de niños, niñas y adolescentes, el rumbo debería ser claro: los recursos tienen que llegar, los programas tienen que funcionar y las respuestas deben aparecer antes de que una situación de vulneración se convierta en una tragedia.
Porque la infancia no puede esperar.

